
El acceso a la salud en zonas rurales sigue siendo uno de los grandes desafíos a nivel mundial. La falta de infraestructuras, de recursos y de personal sanitario dificulta que millones de personas reciban atención médica adecuada.
El 7 de abril se conmemora el Día Mundial de la Salud, una fecha que nos hace reflexionar sobre esta problemática global.
En la Fundación Isabel Martín, dentro de nuestra línea de cooperación, apoyamos varios proyectos de salud. Son iniciativas imprescindibles que acercan la atención sanitaria a comunidades donde, de otro modo, sería prácticamente inaccesible.
Uno de esos programas es el de salud en Malembe, donde una intervención clave está generando un impacto profundo y sostenido: la construcción de viviendas para el personal sanitario.
Una de las dos casas para personal sanitario en Malembe, R.D. Congo.
Un reto global: garantizar la salud en zonas rurales
El problema en Malembe pasaba por la ausencia de personal sanitario estable. Un reto que la ONG APDCKA (Association Paysanne pour le Développement Communautaire de Kangara) encaró con el apoyo de nuestra Fundación, que lleva colaborando con la entidad desde 2017.
Durante años, este Centro de Salud se enfrentó a una situación crítica: la falta de infraestructuras adecuadas provocaba la inestabilidad del personal sanitario. Esto se traducía en:
✖ Abandono frecuente de los puestos de trabajo
✖ Alto absentismo
✖ Descenso en la calidad de la atención
✖ Pérdida de confianza por parte de la población
En definitiva, una atención sanitaria irregular que empujaba a muchas personas a renunciar a recibir cuidados o a desplazarse largas distancias —incluso cruzando el río Kasaï— para poder acceder a servicios básicos.
Viviendas para sanitarios: la solución que lo cambió todo
Personal sanitario en la sala dedicada a dispensar medicación. Malembe, R.D. Congo.
La construcción de viviendas para el personal sanitario marcó un antes y un después en Malembe. Actualmente, el centro cuenta con: un médico visitante, tres enfermeros, una matrona, un técnico de laboratorio y un trabajador de apoyo.
La matrona y la enfermera titular residen de forma permanente en las viviendas construidas, mientras que el médico dispone de alojamiento durante sus estancias.
Este hecho, aparentemente sencillo, ha permitido garantizar la continuidad de la atención y mejorar la capacidad de respuesta ante urgencias y enfermedades crónicas.
Más atención, más confianza
Desde la puesta en marcha de estas infraestructuras, los avances son evidentes:
↥ Aumento del uso de los servicios sanitarios
↥ Mejora en el seguimiento de pacientes
↥ Mayor rapidez en la atención médica
↥ Incremento de la confianza en el sistema de salud
Hoy, la población ya no depende de desplazamientos largos y peligrosos para recibir atención. La salud está, por fin, más cerca.
Impacto en la salud y el desarrollo local
El impacto del proyecto va más allá de la atención sanitaria. Gracias a la estabilidad del centro: se ha reducido la mortalidad materna e infantil, se han reforzado las acciones de prevención y tratamiento de enfermedades como la malaria, infecciones respiratorias y parasitosis intestinales, se ha impulsado la salud comunitaria y la higiene, se han generado empleos locales y se ha fortalecido el desarrollo socioeconómico.
Una sanitaria atiende a una madre con su bebé. Malembe, R.D. Congo.
Tal y como señalan desde el terreno, este proyecto se ha convertido en un motor clave de desarrollo sostenible y equidad social en la zona. Y es que la experiencia de Malembe demuestra que mejorar la salud en zonas rurales no siempre requiere soluciones complejas, sino intervenciones adecuadas a las necesidades reales del contexto.
Garantizar condiciones dignas para el personal sanitario es esencial para construir sistemas de salud sólidos, accesibles y sostenibles. Porque cuando la atención médica se acerca a las personas, no solo mejora la salud: mejora la vida de toda la comunidad.
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